Humanoid City Tour

martes 9 de agosto de 2011

Capítulo 46 – Eres más bella que las flores

-¿Y mi mamá?- pregunto Rob de pronto.

-No lo sé cariño, ellos deben venir ya en camino- le respondí apartando mi mirada de la televisión. Observándola detenidamente, su cabello, sus rasgos, sus ojos brillantes. Ése misterio por el cual Matt se había casado con su madre estaba impregnado por cada poro del cuerpo de su pequeña hija.

-Me duele mi corazón Tía Mei -dijo parpadeando rápidamente, su vocesita hacía un eco tan hermoso. Tanto que por poco no le prestaba atención a lo que me decía.

-Disculpa cariño, ¿Qué es lo que sucede?- me levante del sofá y me hinqué frente a ella, me miraba atenta con sus enormes ojos, poblados de pestañas. La determinación era algo fabuloso en su gesto.

-¿Por qué mis abuelos jamás quisieron venir aquí?- me preguntó decidida - El otro día vino un hombre muy apuesto, sus ojos eran como el mar y su perfume era muy rico, habló con mi mamá de mis abuelos. Ella después se puso a llorar en el suelo, mi papá la abrazaba y a mi me dolía mucho mi corazón. Como ahorita...

-Primero deberías responderme tu los misterios del universo - le digo asombrada y sin creerme aún la capacidad del dialogo que tiene a sus cortos 6 años.

-Mi Mamá me lee muchos libros, pero jamás me ha hablado del Universo ni las estrellas. Eso lo ha hecho mi Papá – responde con una sonrisa tan hermosa.

-Y ambos te han enseñado muchas cosas- le decía, tratando de que su dolor se alejara o se le olvidara.

-Ya soy una niña grande - dijo orgullosa – se leer y escribir. También puedo marcar por teléfono y cerrar la llave del agua cuando se esta tirando. Puedo llevarle el desayuno a mi papa y encender la televisión y poner los canales. Mis maestras también me han enseñado muy bien, dicen que soy una niña muy educada.

-Lo eres pequeña Robín, casi podrías vivir sola - quise bromear con ella, yo me reí pero ella no. Su gesto se endureció de pronto y agacho la cabeza.

-Cumpliré pronto los 7 años Tía Mei, no puedo vivir sin mis papas y además no quiero. Me gusta mi casa, amo mi casa, mi jardín, la comida de mamá, el canto de papa. Ellos no deben de tardar

-¿A donde crees que hayan ido? - Le pregunté sin saber porque. Yo sabía la razón, pero ...

-Ellos fueron por mi regalo de cumpleaños- dijo y sus ojos volvieron a iluminarse- yo no quería que fueran, no creo que un regalo me haga más feliz que ver a mis papas – y pauso por un momento- además de que hace muchos años un día como hoy mis papas se enamoraron.

-Sabes que es lo que significa eso ¿Verdad?- sonreí, parece Miranda contándome sobre su vida diaria, con ese ensueño en su voz, tan gentil.

-Pues sí – me responde con orgullo, otra vez – es cuando haces bebés – y me echo a reír. Sí, era una niña increíble, inteligente, muy astuta. Pero una niña al fin. Ni siquiera nosotros los adultos conocemos este tema del amor.

-Que pequeña tan lista eres- acaricié su cabeza. Ella me sonrío y volvió su cara a los libros para colorear. Horas más tarde la llevé a su cama, se encontraba agotada.

-¿Donde están par de enamorados, vagos? - pregunté para mi misma, viendo el reloj de la sala que marcaba casi la media noche. Hace más de doce horas que ellos se fueron. Solamente buscaban un regalo, algo especial para su pequeña.


Me quedé dormida en el sofá de la sala, podía ver a través de mis ojos cerrados finas flamas danzarinas por doquier, un sueño, porque estoy dormida... ¿Verdad?

-¡Mamá! - Escuché su voz, aterrador grito que me hizo sudar y tener miedo. Mucho miedo.

-¿Robín? Pregunté poniéndome de pie. Esperando honestamente que se tratase solo de un sueño. Su voz se detuvo. Ya no había flamas saltarinas. No había ecos ni sonidos - Fue un sueño – suspiré aliviada

-¡Papá! - Gritó otra vez. Corrí hacía su habitación. Ella se revolcaba en la cama, sudaba, grueso sudor que caía por su hermoso rostro.

-Robín, despierta cariño – le dije acercándome con cuidado, meciéndola un poco. Abrió sus ojos de golpe, su boca entre abierta, sus pupilas dilatadas

-¿Donde están mis papás? - preguntó desesperada, casi a punto de llorar. No podía decirle que no sabía. Mire el reloj de mi mano. Tres de la mañana, esto no podía ser posible. Algo les había pasado - ¿¡Donde!? - Gritó y no supe responder. Ella se levantó de la cama como una bala y echó a correr fuera de su habitación.

Me encontraba en shock, pero aún así mi cuerpo me exigió ponerme de pie y seguirla. Ella había salido a la calle, descalza, indefensa.

-¡Robín! - le grité. Mi voz sonó en todos los rincones del mundo, ronca por la pesadez de la hora, por la inexplicable angustia que sufría. Y corrí tras ella, iba a media calle, su cabello se mecía con rapidez, como olas de mar en un día agitado, las flamas danzantes colmaban mi mente y corazón. Hasta que le di alcance, no porque corriera más rápido.

Ella se había detenido a media calle. La gente alrededor nos gritaba y nos alejaba.

-¡No...! - dijo en un grito que se ahogo por el aturdidor momento. Su auto estaba volcado a media calle. Vidrios por todos lados, sangre y muy poco fuego.

-La ambulancia ya viene en camino – escuché a un hombre, preocupado igual, los vecinos de los Bellamy eran muy amables.

De pronto pudimos verlos. Ambos cuerpos habían sido sacados del auto, estaban posados juntos. Robín corrió otra vez, al lado de sus padres.

-Mami, Papi ¿Están bien? - les preguntó hincándose en medio de los dos, ellos apenas y respiraban, sus cuerpos estaban muy heridos, rodeados de pequeños charcos con su hermosa sangre carmesí. La pequeña estaba ahí, sin llorar. Acariciaba su rostro constantemente, hasta que ambos abrieron sus ojos, a la par.

-Robín, mi hermosa bebé- dijo Mattew, acaricio el rostro de su hija – hace mucho frío y es muy tarde ya.

-Perdón Papi – le responde, sonriendo- es que se tardaron mucho y no podía dormir.

-Lo lamentamos mucho, terroncito -contestó esta vez Mine, mirándola con ternura- nos entretuvimos viendo las bellas flores en el camino.

-¿Eran flores bellas? -preguntó de nuevo. Todo parecía sacado de un sueño. Ellos tres ahí, la pequeña sonriendo, sus padres también. Para los ojos de los tres todo era muy hermoso, ya que solo se veían entre ellos. La verdad no era nada hermosa.

-Mi amor -le dijo Miranda- tu abuelo es un hombre muy bueno, seguro el cuidará de ti muy bien.

-¿Vamos a ir a verlo?- preguntó la niña ilusionada.

-Vive en un castillo hermoso, tiene muchos animales, tu nueva casa te gustará – completó Matt- debes prometer que te portarás muy bien con él.

-¿Viviremos con el abuelo? - preguntó de nuevo. Ellos comenzaron a decirle mil y un cosas hermosas, la niña reía. No se daba cuenta de lo que en verdad estaba pasando.


-Ellos...- se acercó a mi un hombre vestido de blanco, un paramedico.

-Lo sé – lo interrumpí. Todos veíamos desconsolados esta escena – No hace falta que se los lleven.

-Llegamos demasiado tarde – se lamentó, yo también. Ni siquiera podía acercarme a ellos tres. Tan perfectos, tan... unidos y felices.

-Promete que siempre vas a mantener esa bella sonrisa, pase lo que pase – le dijo Minerva otra vez- prometeselo a mamá, anda.

-Lo juro con mi vida mami – le respondió la niña de manera veloz.

-Mi amor, júrame a mi que vas a ser muy feliz, que vas a enamorarte de una persona tan hermosa como tu - le pidió su padre. Un empedernido amante del amor y enamorado de Minerva

-Te lo juro con mi vida papi- le responde de nuevo, ellos se mueven lentamente, y arropan a su hija entre sus brazos. La niña sollozo.. los amaré por siempre, siempre brillaran en mi corazón...

Se quedó dormida a los pocos minutos. Sus padres besaron su frente y al fin me acerqué. Comprendía lo que pasaba. Ellos también.

-Mi padre, por favor...- tosió Miranda.

-No digas nada más- le pedí y una lágrima resbaló por mi rostro- Yo lo haré todo.

-Seguramente Felipe sigue aquí, ese rufián- se ríe Matt – deja que te encuentre Mei, por favor

-Sí...- respondí tratando de evitar el llanto, pero fue inútil – Yo lo haré todo, por favor no se preocupen... - lloré a cantaros, con Robín entre mis brazos. Había caído rendida

-Asegurate de que ella tenga presente que la amaremos siempre, que es lo mejor que la vida nos ha dado, que es hermosa, valiente, frágil...

-Lo haré, lo haré.... - sollozaba aún

-Gracias por darme a mi hija – le dijo Matt a Mine, perdiéndose en sus ojos

-Gracias por darme a mi hija - le dijo esta vez Mine a Matt, ambos amándose hasta en ese momento
– No quisiera decirte adiós mi amor.

-¿Bromeas? - le dijo risueño – Nos vamos a ver del otro lado, solo será un pequeño parpadeo.

-Voy a extrañarla mucho – Mine comenzó a llorar. Nos partía el corazón. Ellos se estaban yendo.

-Yo también – confesó Matt, tomó el rostro de Mine, apenas y lo acarició – Pero siempre la amaremos, ella siempre lo sabrá.

-Te amo – le dijo Mine, lo miró, le sonrió.

-Te amo – le contestó Matt. Ambos se unieron en un beso. Y ahí expulsaron su último aliento. Sus manos cayeron a sus costados. El sol salía, tramposo jugador que dejaba expuestas todas las heridas.

Qué importaba ya. Ellos se habían marchado. Nadie sabía como había sucedido, en realidad no interesaba. Pero yo tenía a su hija entre mis brazos. Muy pequeña para vivir sin sus padres.

-Yo me haré cargo de ella – dijo un hombre, con los ojos azules como el mar.

-Felipe – dije su nombre, el me hizo una reverencia – Cuidarás de ella con tu vida y harás llegar siempre los mensajes que sus padres han dejado para Robín. Siempre debe ser feliz.

-La llevaré a Toledo. Gracias – dio la vuelta y se perdió de la vista de todos. Nadie sabía como le explicaría a la pequeña que sus padres la habían ... amado hasta morir.

jueves 16 de junio de 2011

Capítulo 45 – Mataste a mi padre

-Mi más sentido pésame- me dijo el primer ministro, yo asentí levemente con la cabeza estrechando su mano

Y así fueron todos los demás, entre miradas tristes, lamentos, muchas mujeres han venido aquí, jamás antes las había visto, pero lucían más tristes que yo.

-Se dice que son sus amantes- escuché a un hombre, yo caminaba a su costado. De pronto se quedó callado y me miro avergonzado agachando la cabeza.

-Le pediré por favor que guarde respeto a mi marido y a mi casa, de lo contrario tendrá que marcharse – le dije parándome frente a él

-Lo lamento mucho – me dijo haciéndome una reverencia- no volverá a pasar

Sin decirle nada me retiré de lugar caminando al estudio, rodeada de mucha gente que me miraba tristemente, yo vi a esas mujeres, de pies a cabeza. No había pensado que Guillermo necesitaba también un tipo de desahogo físico y ellas podían darle lo que conmigo era obvio no disfrutaba, ya que después de nuestra noche de bodas, estuvimos juntos tan pocas veces, me sobrarán dedos. 8 años de matrimonio. Pocas caricias, muchos abusos, y golpes... también nos ignoramos. Pero jamás nos amamos, o por lo menos no que yo lo recuerde.

Entro al estudio y sigilosamente cierro la puerta, el lugar esta intacto, aun parece que veo su figura caer tras el escritorio. Su sangre aún se encuentra ahí. Hace apenas dos días, y la sangre esta tan fresca que parece acaba de suceder. Muy pocas personas han entrado a este lugar, para ser exactos, mis hijas, su abuela y yo. Aquí fue donde Julia me maldijo por haber matado a su padre, un rato después de enterarse que accidentalmente su papá había muerto. Se la pasa pegada a la falda de su abuela, Rene por el contrario, ha estado con Óscar, me alegra que ella este aquí. Mis hijas son las que realmente necesitan un consuelo, no yo.

-¿Rob?- escuché una voz, venía del pasillo. No podía ser posible...

-Aquí- contesté en un murmullo, pensando que esa voz imaginaria no me escucharía y así yo poder comprobar que solo me estaba engañando

-Por Dios...-dijo agitado entrando al lugar con paso veloz. Yo lo miré atentamente, esperando que fuera verdad que él estaba ahí. Para mi. Como siempre.

Me abrazó y acaricio mi espalda con suavidad, yo estaba tan sorprendida que con trabajo respiraba, hasta que de pronto también lo abracé y recargué mi cabeza en su pecho, suspirando y después sonriendo.

-Hola- le dije con una risa apenas y audible

-¿Cómo estás?- pregunto presionando mi cabeza con su mano

-Estoy viva- le contesté y me puse a llorar. Recordé que él ya no estaba vivo, que se suicidó frente a mi y ni siquiera sé por qué... que murió maldiciendo haberme conocido ...

-Ya preciosa, no llores - besó mi frente y me consoló otra vez...- Todo estará bien

-Gracias - le respondí y quedé viendo sus ojos, Tom me miraba también. Se acercó y me dio un beso más. Otro a nuestra historia, uno lleno de dolor. Mi dolor.

-Así que se trataba de esto ¿No? - mi suegra azotó la puerta del estudio, con dolor en la voz se acercó a nosotros y nos fulminó con la mirada- mataste a mi hijo para poder estar con éste- y miró a Tom de la manera más despectiva posible. Yo estaba tan confundida por lo que me decía que no le contestaba nada y Tom menos. Solo nos estábamos abrazando como buenos amigos que somos - ¿Son buenos amigos? - preguntó esta vez, acercándose a mi y separándome de él con un jalón - Dime a cuantos más piensas engañar con esa basura – y me empujó, yo me moví un poco y después solté un bufido lleno de ironía y risa - ¿¡Dime que es tan gracioso!? - me gritó y comencé a reír, me limpié las lágrimas y seguía riendo

-¿Qué es lo que crees que esta pasando?- le regresé la pregunta, ella me miró más que furica – Así que eres tu la que le esta metiendo ideas en la cabeza a mis hijas

-No son ideas- dijo recobrando la compostura- Mataste a su padre para poder estar con ese bueno para nada- y lo señaló, Tom solo la miro sin decir o hacer algún movimiento

-Alejate de mis hijas Olga, ya suficiente has hecho estos días como para arruinar sus vidas por completo – le advertí, parándome frente a ella

-Parece que tu amante te da agallas- dijo burlándose

-Esta de más querer discutir contigo de manera racional, no estás en tus cabales – y suspiré. A pesar de tener muchas ganas de decirle tantas cosas, me quedé callada. Sé que sufre, después de todo ha perdido a su único hijo.

-Quiero a este fuera de mi casa- dijo otra vez con ese tono de autoridad que siempre usaba conmigo

-Esta es mi casa, que no se te olvide – levanté mi voz, como nunca en mi vida para con ella, abrió sus ojos demostrando lo asombrada que estaba por mi atrevimiento, inclusive yo me sorprendí – y así como te pido que respetes mi casa, te pediré que respetes el luto de mi esposo, tu hijo y padre de tus nietas, y que las respetes a ellas y a mi en nuestro dolor

-Como si esto en verdad te importara – dijo más molesta que nunca, con sus ojos asesinos, sin dejar de mirarme – Voy a llevarme a mis nietas de aquí quieras o no

-¡Con mis hijas no te metas!- la jalé del brazo y la obligué a dar una vuelta, ella ahora me veía asustada- Ya suficiente tengo contigo y con toda la gente allá afuera como para que ahora me amenaces con eso

-Voy a hacer que te odien – dijo con una sonrisa macabra

-¿Mami?- escuché la voz de Rene entrar al lugar, al verme corrió hacía mi y me abrazó fuertemente, al voltear a mi derecha, ya no encontré a Tom, no tengo idea del momento en el que se fue de aquí.

-Ven mi amor, vamos a despedirnos de papá – le dije y caminé ignorando a Olga, olvidando todo lo que ha dicho

-No voy a olvidar que tu mataste a mi padre – dijo Juia con su voz severa, parada a un costado de la puerta del estudio, sumergida en la oscuridad. Rene se tapó los oídos y se puso a llorar.
Yo sin saber que decir extendí mi mano a mi pequeña y ella la tomó sin preámbulos. Caminé con mis dos hijas al lugar donde el impresionante féretro estaba.

Puse a Rene en el suelo, Shara la tomó de la mano, ella hipaba. De lado de Julia se puso Tom, la tomó de la mano, ella no opuso resistencia, ni siquiera lloraba.

Mi suegra estaba al frente, llorando a cantaros, le hacían coro las mujeres de mi ahora fallecido marido.

Comenzaron los sermones, del otro lado pude ver a Bill, a Georg y a Gustav. Agachando la mirada y sufriendo a nuestro lado. Ahora yo tenía que estar al frente de Toledo. Que curiosa vida la mía. Al morir mi abuelo Guillermo me salvo de yo quedar a cargo, pero el destino me dice que debo hacerlo yo misma, ahora me quitó a mi marido.

El hilo de mis pensamientos es interrumpido por los sollozos amargos de mis dos niñas que se abrazan desconsoladas frente a mi, Tom se agacha y las envuelve entre sus brazos

-¡No intentes parecer su padre!- gritó mi suegra. Aventándole un ramo de flores. Todos nos quedamos callados.

viernes 20 de mayo de 2011

Capítulo 44 – Reden

-Creí que sus habitaciones eran del estilo más interesantes- me dijo ella, sin titubeos, le sonreí galantemente, solo la miraba, de arriba abajo

-¿Qué quieres de tomar?- le pregunté, ella levanto una de sus manos y se sentó sobre la cama, yo la seguí y le ofrecí un poco de jugo, me senté a su lado y comenzamos a ver la televisión

-Para ser una chica bonita que esta en mi habitación no-

-Jamás había estado sola con un chico- me dijo bajando la mirada- no sé que puedo decirte ni que podemos hacer.
A mi solo se me vino una idea a la cabeza, pero ella... estaba tan triste ...

-Podemos hablar- le dije apagando la televisión y sentándome frente a ella – hablame de ti

-Soy Robín Bellamy, no tengo padres ni hermanos, solo a mi abuelo y a Óscar, siempre he vivido en Toledo, no sé que quiero ser cuando sea grande, ni cuales son mis opciones

-Yo soy Tom- le dije interrumpiéndola bruscamente, ella levantó la cara y me miro con el ceño fruncido- Tengo un gemelo, mis padres viven en Alemania y casi nunca los veo. Me gustan mucho los animales, cuando estoy aburrido escucho musica, veo la televisión, hablo por teléfono, me duermo o leo un buen cuento. También me gustan los vídeojuegos, o tocar la bateria ¿tu tocas algun instrumento?

-Me gusta el violín- dijo con una sonrisa- y también el piano, toco esos dos y también el chelo

-Odio la escuela- le dije riendo pícaramente- Bill y yo no vamos desde hace tiempo

-Yo jamás he ido a una... bueno, cuando era pequeña y vivía en Canadá, con mis padres, pero desde que llegué acá mi abuelo me ha puesto institutrices

-¿Te gusta?- le pregunté

-A veces- parecía avergonzada- lo único bueno es que se me ha permitido estar junto a Shara, pero las clases a veces son muy pesadas y las maestras un tanto impacientes. He de admitir que si no soy una ignorante es por ellas

-Tus padres ¿donde están?- le pregunté, un segundo después me arrepentí

-Ellos murieron cuando yo era muy pequeña, nuestro auto se volcó en la calle- me dijo, yo apenas y pude parpadear- a veces los extraño mucho

-Yo... lo lamento mucho- fue lo que pude decirle, de manera torpe y sintiéndome terriblemente estúpido

-Gracias- me dijo ella con una sonrisa- ¿Sabes? Ahora que lo recuerdo, nadie me dio un abrazo cuando pasó y al llegar a Toledo, mi abuelo solo dijo llévenla a su habitación

-Ven aquí- le dije en un susurro, yo ya la abrazaba, ella se quedó inmóvil, su respiración era pausada y su corazón latía exageradamente. Después de 5 minutos, tal vez más, ella puso sus manos en mi espalda y recargó su cabeza en mi hombro

-Gracias- me dijo, yo sonreí y la abracé más fuerte, ella lo hizo igual.
No me di cuenta del momento en el que el abrazo termino, pero comenzamos a hablar, de todo, de cualquier cosa, de nada. Ella y yo solos en mi habitación de hotel, entre coca cola y una cena exquisita.

-Siempre creí que serías un rubio tonto- dijo con una carcajada, salía del baño de mi cuarto, ambos listos para bajar a desayunar

-Yo creí que tu serías una amargada ¡oh, espera! Lo eres- le dije abrazándola por el hombro.

Ella se burló de mi metiendo una rasta en mi oreja. Salimos de ahí y nos encontramos con los demás en medio pasillo. Nadie hizo preguntas. Nosotros no dijimos nada, pero ahora creo que ella es mi amiga. Y yo soy su amigo.

Que extraño, solo nos pusimos a hablar.